Después de cruzar océanos, un hombre, Simón, y un chico, David, llegan a una nueva tierra. Allí se les asigna a cada uno un nombre y una edad, y levantan un campamento en el desierto mientras aprenden español, la lengua de su nuevo país. De allí parten rumbo al centro de reubicación de la ciudad de Novilla, donde esperan encontrar un lugar donde alojarse y buscar a la madre del chico. Una vez allí las autoridades locales los tratan con educación, pero no resuelven sus acuciantes problemas. Mientras se solucionan los problemas burocráticos, Simón encuentra un trabajo de carga y descarga de grano en un embarcadero. El trabajo le resulta extraño y pesado, pero pronto se gana la simpatía de sus camaradas estibadores. Un día mientras camina con el chico por la campiña, Simón advierte a una mujer que podría ser la madre del chico, y la convence para que asuma ese rol. La nueva madre de David se da cuenta de que es un chico excepcional, un chico brillante y soñador con ideas poco convencionales sobre el mundo.
Auster vuelve la mirada sobre sí mismo y parte de la llegada de las primeras señales de la vejez para rememorar episodios de su vida. Y así, se suceden las historias: un accidente infantil mientras jugaba al béisbol, el descubrimiento del sexo, las masturbaciones adolescentes y la primera experiencia sexual con una prostituta, la rememoración de sus padres, un accidente de coche en el que su mujer resulta herida, una presentación en Arles acompañado por su admirado Jean-Louis Trintignant, la estancia en París, una larga lista comentada de las 21 habitaciones en las que ha vivido a lo largo de su vida hasta llegar a su actual residencia en Park Slope, sus ataques de pánico, los viajes, los paseos, la presencia de la nieve, el paso y la herida del tiempo... En definitiva, un magistral autorretrato.